martes, 22 de mayo de 2007

Ceguera occidental (y parte 2)

La forma de reaccionar de Juan fue para Emma como un cubo de decepción arrojado a la cara sin avisar. El disgusto y el desprecio desmesurado por su marido la consumieron durante varios días. No entendía como alguien podía ser tan obtuso para, no sólo no entender una manifestación cultural ajena, sinó además reírse de ella de forma hiriente y grosera.

Aquel episodio no aportó nada bueno a su relación. Juan siguió siendo un occidental incapaz de dedicar un instante de su vida a posicionarse ante cualquier manifestación cultural de una forma que no fuese la que le correspondía. Emma se convirtió en una mujer deslumbrada de antemano por todo aquello que proviniera de lugares o culturas ajenas a la suya, y que por extensión despreciaba a todo aquel que no profesara una admiración reveladora por todo lo foráneo.

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