sábado, 19 de mayo de 2007

Caminos inexplorados

Esta tarde, un amigo con el que me estaba tomando un café en un bar me ha soltado sin venir a cuento: 'tú no deberías escribir prosa'. Acto seguido se ha callado, me ha mirado fijamente, y ha dado una calada larga a su cigarrillo.
Mi primera reacción ha sido negativa. Me ha parecido un juicio inoportuno y precipitado, y además no me gusta hablar de estas cosas porque me obligan a una instrospección que no siempre me apetece. Después, como seguía mirándome de forma escrutadora, no me ha nacido otra cosa que responderle con un gesto interrogante, como para que puntualizara su afirmación.
- No -ha dicho-, creo que tendrías que escribir poesía.
- ¿Cómo?
- Sí. Creo que no me equivoco si digo que siempre que te pones a escribir intentas alcanzar primero un cierto estado de ánimo, melancólico la mayoría de veces; y que, aunque se te da bien expresarte, se te hace una montaña elaborar cualquier tipo de esqueleto narrativo.
Aunque hubiese sido muy fácil decir 'sí', no he sabido qué contestarle, si es que había algo que responder. Tras otro silencio, la conversación ha seguido después por caminos más prosaicos (y perdonad el chiste).

No sé si tiene razón, no sé si se necesita algo más para escribir poesía, pero me ha dejado pensativo el muy cabrón, y no descarto que un día de estos me tire al barro.

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