miércoles, 3 de octubre de 2007

Visitante

- Oye, ¿tú no te habías propuesto escribir por lo menos un artículo por semana?
- Ya, pero es que llevo una temporada un poco desbordado y, la verdad, no me queda mucho tiempo para sentarme a escribir con un poco de calma.
- Sí, ya me han dicho que has estado currando en Bilbao. ¿Qué tal?
- Pues bien. Una semana muy bestia de trabajo, pero al final el resultado ha quedado muy bien y estamos muy contentos. Además he podido ver a amigos que hacía tiempo que no veía.
- ¿Ah sí?
- Sí, gente con la que hice un par de viajes a Italia que son ya un poco míticos para todos. Por lo que hicimos, por el recuerdo que de ellos tenemos, porque uno de los que estuvo ha muerto recientemente.
- Vaya.
- Sí, muy trágico, la verdad. Al margen de esto, hay una cosa que me ha sorprendido en este último encuentro con la cuadrilla de Bilbao.
- ¿Cual?
- Pues que ya no soy aquel chaval de 22 años que funcionaba un poco como peluche de los demás. Me estoy haciendo mayor -en el mejor sentido de la palabra- y ahora entiendo mucho mejor a cada uno de ellos y soy mucho más consciente de que la relación que existe es muy especial y que es realmente importante que la mantenga viva y que la cuide. No conozco a mucha gente que me quiera de la forma con la que ellos lo hacen.
- Que bonito.
- Sí. Me siento muy afortunado. Y teniendo en cuenta lo duro que suelo ser conmigo mismo, me sorprende que en esta ocasión me otorgue parte del mérito. Es decir, no me asusta pensar ni decir que yo también soy una buena persona a la que merece la pena tratar y conocer.
- Dicho queda.
- Bah, no te burles... Bueno, hasta pronto.
- ¡A ver si es verdad!

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